El doctor Peterson en... VISITA A CRO-MAGNON
Macario Polo Usaola [@] [www]

Un día en que el Doctor Peterson jugaba en su laboratorio a resucitar cadáveres mediante una antiquísima técnica acupuntural china recién descubierta, pensó que la forma ideal de viajar en el tiempo era meterse en un huevo de gallina, hacerlo girar y dejar que cayese desde un octavo piso. Con el impacto, el huevo empezaría a botar y, cuando por fin se detuviese, saldría de él con ayuda de un pico en el año, siglo o día que al Doctor Peterson le apeteciese.

Como sus métodos de mengua le habrían impedido entrar con comodidad en un huevo de gallina, razonó que el efecto sería el mismo si utilizase un huevo de avestruz.

Así que anduvo buscando por armarios, probetas y tubos de ensayo las enormes botas de siete leguas que en el cuento se calzara Pulgarcito, pero no las encontró porque eran un invento de los hermanos Grimm. Como tampoco le apetecía teletransportarse hasta África para coger el huevo, decidió subirse al Big Ben.

El Doctor Peterson sabía que, en el extremo de la antena del Big Ben, las autoridades que alguna vez hubo en Londres mandaron poner una ventosa, porque los aviones comerciales tenían la mala costumbre de detenerse en vuelo sobre la punta para descansar y para que los turistas vieran la ciudad, y entonces con la ventosa se quedaban pegados, no podían separarse de ella y no podían continuar el vuelo.

Como ya no había aviones, porque el Doctor Peterson se había encargado personalmente de destruirlos a voces, ya no importaba que hubiera o dejase de haber ventosa.

Entonces la cogió, se quitó un cordón de una chancla y ató la ventosa a un extremo, sujetando él el otro con una mano. Localizó un avestruz que empollaba en Tanzania y le rogó encarecidamente que se apartase un momento. Cuando el bicho lo hizo, el Doctor Peterson lanzó la ventosa hasta el huevo, ésta se pegó en él, y tiró del cordón, con lo que el huevo llegó arrastrando hasta el Big Ben, punto desde el que había lanzado con certerísima puntería.

El Doctor Peterson llamó a la puerta del huevo y salió a abrirle un feto de pollito a medio desarrollar. El Doctor Peterson le tiró del cuello y lo arrojó al suelo, que estaba a muchos metros hacia abajo, pero el pollito movió las alas y se fue volando a África con una cinta de casete sujeta en la pata. La cinta tenía un mensaje de agradecimiento del Doctor Peterson para la madre del pollito. Éste fue el primer caso de avestruz volador y mensajero que se ha descrito en la historia, y hay que agradecérselo al Doctor Peterson.

Tras esto, el Doctor Peterson entró al huevo y se acomodó en una silla de su interior. Sacó un pie por un agujero que hizo con un taladro y, ayudado por un pequeño impulso, comenzó a dar vueltas hasta que cayó al suelo, empezó a botar y, cuando el Doctor Peterson abandonó su cubículo, rompiéndolo con ayuda de un pico cuya silueta pintó en el aire, se dio cuenta de que no había caído desde un octavo piso, tal y como dictaba el procedimiento, pero daba igual.

Se encontraba en un paraje en el que había una casa de piedras puestas una encima de otra y con techo de palos. Se acercó a un hombre que había cerca de él, y que estaba vestido con una piel de oso y una lanza. Tenía una melena muy larga y muy sucia, el tío guarro. El Doctor Peterson le preguntó que qué era él, si Cro-Magnon o Neanderthalensis. El hombre dijo que le ofendía la duda, que por supuesto que era Cro-Magnon. Estrecharon sus manos y el Doctor Peterson apreció que uno de los dedos del hombre lucía un anillo de oro con una piedra preciosa y grabado por dentro, que al científico se le cayó una vez dentro de la bombona de butano y no puedo recuperar.

El Doctor Peterson arrancó el dedo al hombre primitivo dándole un gran tirón en un pelo de la falange y, tras esto, le pidió la lanza. El hombre primitivo se la dejó y el Doctor Peterson la usó para clavársela a Cro-Magnon en la nuca, con lo que éste murió entre alaridos bastante molestos y chorros de sangre.

Al oír el ajetreo, la mujer de Cro-Magnon se asomó a la ventana de la casa y le dijo al Doctor Peterson que no podía salir a ayudar a su marido porque estaba haciendo bechamel en una sartén y, si dejaba de darle vueltas, le iban a salir grumos y se pondría mala.

El hombre murió boca abajo, con el cuello atravesado por el sílex de la punta de la lanza. El Doctor Peterson rompió el palo por la parte que le unía al sílex, dejando a éste clavado donde estaba y con su punta asomando por la nuez. Con una astilla de la madera escribió en la espalda del muerto: <<Aquí estuvo el Doctor Peterson>>, y debajo la fecha. Cuando, muchos siglos después, los científicos descubrieron el cuerpo del hombre primitivo, incorrupto gracias a una meada del Doctor que lo cubrió entero, no tuvieron que hacerle el Carbono-14 porque ya sabían de qué fecha databa con toda exactitud, tan amable había sido el Doctor Peterson.

Luego, el Doctor Peterson, que quería que la inscripción permaneciese arriba, cortó las piernas, los brazos y la cabeza de Cro-Magnon. Dio la vuelta a la cabeza para que quedase mirando al cielo. Cambió los brazos de lado, para que los pulgares quedasen hacia arriba, e hizo lo mismo con las piernas, de forma que los pies quedaban también mirando hacia arriba. El Doctor se rió un rato mirando la imagen del cadáver, con el pecho hacia abajo y los demás miembros al revés. Era una graciosa estampa.

Después, el Doctor Peterson cogió el periódico que leía Cro-Magnon, lo enrolló y, convertido ya en telescopio, miró al firmamento a través de él, con lo que pudo localizar una estrella que era un espejo y en la que se reflejaba la superficie de la Tierra, con lo cual en dicho astro se veía y se vivía el pasado. Pero la estrella estaba equivocada y se veía el futuro. Así que el Doctor Peterson pidió una fregona a la esposa de Cro-Magnon, se la ató a la espalda con unos vellos que se arrancó del pubis, prendió fuego a la parte secante y, ayudado por un saltito y un aleteo que hacía con los brazos, llegó en quince minutos a aquella estrella que estaba a muchos años luz, con lo que el Doctor Peterson pudo regresar a su época y continuar entre nosotros.

 

 

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