Él
llegó tarde y colgó su abrigo, ella se acercó un
instante e inmediatamente se retiró al ver la marca de impaciencia
en el rostro sin rostro de su marido, él encendió un tabaco
y exhaló el humo que se estrelló contra el techo.
Ella
escuchó mascullar a su marido mientras se alejaba, el marido soltó
para que ella apenas le escuchara :
- Este ya no es un buen oficio, cada día es más difícil
encontrar a alguien realmente vivo.
Por
fin la esposa dijo para si :
- Nunca me escuchó cuando le advertí que el de la muerte
no era un buen oficio.
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